Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza
La MCLCP de Lima Metropolitana participa activamente en Mesa de Trabajo de Seguridad Alimentaria

La pandemia ha causado que miles de personas en nuestro país pierdan su sustento diario, y se vean obligadas a depender de ollas comunes para su sobrevivencia. Solo en la ciudad de Lima existen más de 900 de estas, que necesitan de urgente apoyo para seguir brindando alimentos a toda esa población vulnerable.

Las ollas comunes son verdaderas formas de autoorganización de la sociedad civil, que surgen para dar respuestas inmediatas en un contexto de emergencia alimentaria en momentos de crisis. Justamente sobre el tema se realizó el pasado 12 de diciembre el evento digital “Ollas de Lima contra el Hambre”, organizado por la plataforma ciudadana Marca Lima, donde participaron dirigentes de ollas comunes de varios distritos de Lima.

Una de las participantes del evento, Abilia Ramos, dirigente del distrito de San Juan de Lurigancho (SJL), relata las dificultades que tienen que sortear para sacar adelante a las ollas comunes dentro de dicho distrito. “La ayuda está llegando a las ollas que funcionan recientemente, desde hace un mes. Pero a las más antiguas, las que funcionan desde marzo cuando comenzó la cuarentena, a ellas no les ha llegado nada”, señala Ramos, quien detalló también las dificultades para hacer un registro de todas las ollas comunes del distrito.

Por su parte, Erico Tueroconza, dirigente de las ollas comunes de Manchay, distrito de Pachacámac, mencionó que la primera dificultad que tuvieron fue agrupar a las más de 100 ollas de su zona para poder coordinar entre ellas y crear una base de datos. “El municipio distrital solamente trabajaba con 35 ollas, y tuvimos que buscar el apoyo de la Defensoría del Pueblo para que las demás fueran también consideradas. Recién desde hace dos meses la municipalidad trabaja con todas. Incluso empleó la base de datos que elaboramos para su trabajo”, destacó Tueroconza.

El dirigente de Manchay también resaltó el apoyo de otras instituciones y autoridades de la Municipalidad de Lima Metropolitana para sacar adelante dicha iniciativa.

En otras partes de Lima el apoyo de los municipios fue más sustantivo. Por ejemplo, en Puente Piedra se logró la aprobación de una Ordenanza que les otorga el reconocimiento del municipio a las ollas comunes de dicho distrito, y que incluye un registro de ellas.

Mesa de Trabajo 

Precisamente, para velar por la atención de esas necesidades, se creó la Mesa de Trabajo de Seguridad Alimentaria, promovida por la Comisión de Medio Ambiente, Salud y Bienestar Social de la Municipalidad Metropolitana de Lima, que agrupa a instituciones públicas y privadas, así como organizaciones de la sociedad civil.

La Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza de Lima Metropolitana es una de las organizaciones que participa activamente en dicho espacio. Como señala el secretario técnico de la MCLCP de Lima Metropolitana, Eduardo Li, cuando comenzó la pandemia y la MCLCP pudo conocer de primera mano la situación de las ollas comunes, se plantearon la necesidad de proponer alternativas de solución a esta problemática.

Eduardo Li explica que por ello, se propuso la creación de esta mesa de trabajo, en junio de este año, en una reunión donde se propuso reflexionar sobre la ayuda humanitaria que necesitan las ollas comunes. El objetivo era buscar la forma de organizar la ayuda de la manera más eficiente para que llegue sin problemas a sus destinos.

Uno de los primeros temas tratados fue el registro de las ollas comunes, para luego pasar a la organización. Para esto último se determinaron criterios como la ubicación de las ollas, a cuántas familias benefician; y, sobre todo, quiénes son las personas que ejercen liderazgo en ellas. Esto sirvió para crear comités de responsables y grupos de trabajo diversos a nivel distrital.

Se planteó también proveer del equipamiento mínimo a las ollas para que cumplan su labor de la mejor manera, así como el fortalecimiento de capacidades en temas como el manejo inocuo de alimentos, para lo cual la Dirección General de Salud Ambiental (Digesa) del Ministerio de Salud, elaboró un lineamiento especial.

Avances

Uno de los avances más importantes de este proceso fueron las reuniones con actores relevantes del Gobierno Nacional, como el viceministro de Prestaciones Sociales del MIDIS, el director ejecutivo de Qali Warma y los miembros del grupo Hambre Cero del Acuerdo Nacional.

El secretario técnico de la MCLCP Lima Metropolitana destaca aquí el rol articulador de la MCLCP, que facilitó la realización de estas reuniones y, en general, la convocatoria de las organizaciones públicas, privadas y de la sociedad civil para aportar soluciones a esta problemática.

Un aspecto a destacar es la neutralidad política de la Mesa como activo. “Gracias a esto hemos podido entrar a conversar con las organizaciones de la sociedad civil pues estas nos miran con confianza”, señaló Eduardo Li.

“Se reconoce a la MCLCP no solo como un espacio de participación y discusión, sino también como una institución que consigue logros tangibles, como normas e instrumentos técnicos de parte de las instituciones del Estado, lo cual fortalece nuestra relación con la sociedad civil”, destaca el secretario técnico de Lima Metropolitana.

Desafíos pendientes 

Por su parte, el presidente de la MCLCP, Federico Arnillas Lafert, señala que un desafío importante del Estado es poder llevar recursos a estas ollas comunes. Las iniciativas solidarias que se encargan del tema, como Cáritas o el Banco de Alimentos, son valiosas pero no suficientes.

“Se requiere, de todas formas, recursos públicos adicionales para que, canalizados a través de las ollas comunes, permitan que este mecanismo de solidaridad funcione y se convierta en una plataforma más amplia de protección colectiva, como está ocurriendo con la estrategia de Salud que está planteando el Minsa para el primer nivel de atención”, acotó. 

Arnillas agregó que es necesario sumar ambas iniciativas para generar redes de protección local, donde el mismo barrio se cuide colectivamente y el Estado ayude a que eso ocurra, poniendo no sólo alimentos en las ollas comunes, sino también oxímetros en las comunidades, tal vez en la misma olla común, y así monitorear la salud de los vecinos.