Viejos y nuevos desafíos

Desde la MCLCP observamos un nuevo momento tanto a escala internacional como a nivel de país, en el marco del cual debemos hacer frente a viejos y nuevos desafíos y definir nuestra agenda de trabajo para el 2015 y en adelante.

Una restricción importante para el logro de los objetivos concertados en el marco de la Mesa viene del entorno económico fuertemente marcado por la situación internacional donde todo indica que el mundo está entrando a un ciclo de desaceleración económica, con el riesgo de una gran recesión, de acuerdo a los analistas que se colocan en las posiciones más críticas. Según las últimas proyecciones del FMI, este organismo ha revisado a la baja (respecto a octubre de 2014) las proyecciones de crecimiento de la economía mundial para el 2015, a pesar del mayor crecimiento esperado para Estados Unidos y de la caída del precio del petróleo. La desaceleración económica externa se retroalimenta con procesos políticos, marcados por situaciones de confrontación en diversos países, lo que aumenta el clima de incertidumbre y las condiciones de inestabilidad en varios planos.

Uno de los efectos negativos importantes para el Perú, vinculado a la desaceleración internacional, es la caída ya observada en los precios de las materias primas que exportamos, aun cuando todavía están por encima del promedio de los 10 años anteriores. Este factor negativo es compensado en parte por la condición de importador neto de petróleo que tiene nuestro país, en la medida que el precio de este producto ha tenido una importante caída en los mercados internacionales, lo que finalmente nos beneficia.

Los cambios en el contexto internacional están siendo  tomados en cuenta por los agentes económicos, observándose una caída de la inversión privada desde el 2013. La economía peruana mostró a lo largo del año 2014 una clara desaceleración, la que ha sido mayor a la esperada por las autoridades económicas y que no ha podido ser contrapesada por la inversión pública, más aun en un año electoral como fue el 2014 y en el que varios casos de corrupción pública, sobre todo en  algunas regiones, y su judicialización, tuvieron como efecto la disminución del gasto público.

Este entorno afecta sin duda las posibilidades de enfrentar la situación de pobreza, sea ésta monetaria, por NBI, por déficit calórico (desnutrición infantil crónica, anemia) u otras privaciones, que afectan aun -quiérase o no- a amplias capas de la población peruana, a pesar de los avances tenidos en el país desde el año 2000 a la actualidad. Se trata de brechas objetivas aun no cerradas en el Perú. Algunas de éstas, son brechas antiguas, como las de género, las relacionadas a la infancia y a las poblaciones rurales, en especial de la amazonia; también las que tienen que ver con las personas con discapacidad. Otras son brechas nuevas o por lo menos crecientes, como resultado de los cambios, por ejemplo, en la esperanza de vida de la población, que se expresa en el incremento de la población adulta mayor. El cierre de estas brechas constituye parte central de los viejos y nuevos desafíos que debemos enfrentar, superando las dificultades que nos impone el entorno actual.

Un elemento importante a tener en cuenta además de las brechas objetivas asociadas a necesidades no cubiertas y derechos no garantizados en acceso y calidad, por los servicios estatales, son las “brechas de expectativas”. La ENAHO, que es la encuesta que se usa para medir Pobreza Monetaria, Pobreza por Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), déficit calórico aparente de los hogares, desigualdad (de ingresos y gastos entre hogares), o condiciones de trabajo de diversos sectores de la población, mide la autopercepción de la población respecto a su condición de pobreza. El dato que nos proporciona esta encuesta es aplastante: 9 de cada 10 entrevistados se considera –a sí mismo- como pobre. Es decir una cifra mucho más alta que los 5 de cada 10 peruanas y peruanos que viven en hogares con pobreza monetaria, NBI, y/o déficit calórico aparente. Estos datos nos hablan de una “brecha de expectativas” muy fuerte. Debemos considerar que una separación creciente entre expectativas de bienestar y las realizaciones efectivas, puede conllevar a un clima de frustración, lo que a su vez es un factor potencial de depresión humana y de explosión social, que puede adoptar formas de violencia y agresividad de lo más diversas. De allí la urgencia de hacer frente a estos desafíos y avanzar en la superación tanto de las brechas de necesidades como de expectativas.